Largo proceso para olvidar a una mujer que ella jamás conoció. (Tercera parte).

por JOHNNY ANTU-HAP

El encuentro

Él no había querido contarle a Camila que era lo que en verdad había pasado entre él y Alejandra, porque quizá pensaría que estaba desprotegido cuando la encontró a ella en aquel bar, aunque no exteriorizara se tristeza, su derrumbe, su sufrimiento. En algún momento Camila sintió algo extraño, un presentimiento, este se materializó cuando volteó para atrás y lo miró a él observándola y sonriendo, su primer impulso fue apagar el cigarro, pero él le dijo que no importaba, que mejor dejara de lavar los trastes y se sentara con él en el sillón, ella respondió que sólo le faltaba enjuagar el sartén de la salsa de tomate y habría terminado. 

Apartó el cigarrillo de sus labios, ocupó ambas manos al sartén y no hizo más que sonreír mientras dejaba de escuchar silencio y se concentraba en escucharlo a él andar por la sala sacando libros, discos y cuadernos de apuntes de la mesa de centro. Ella terminó con ese sartén que horas antes tenía la espléndida salsa que él sólo había calentado, y le preguntó si quería café, él le dijo que mejor abriría otra botella de vino, si le apetecía tomar otra copa con él antes de irse a dormir, ella afirmó con la cabeza, con miedo de hablar, ahora le habían entrado una terrible ansiedad al pensar en esa propuesta de él haciéndola años atrás a ella, a la otra antes que ella.

Se había sentado en el único sillón enorme que había en la sala, después de secarse las manos, él habría la botella con mucha dedicación, como si se tratara de un ritual, de hacer el amor, no de tener sexo. Se acercaba a ella con una copa de vino servida que le daba para después darle un beso, y volvió a la cocina por su copa y el resto de la botella.

- ¿Me regalas un cigarro? -Fue la primera frase que salió de sus labios.

-Claro. -Contestó ella, con extrañeza. Se lo dio y él lo llevó a los labios y de inmediato se acercó a ella esperando que también le regalara fuego. Ella entendió en el mismo instante que le había dado el cigarro y procedió a encenderlo.

- ¿Creí que no fumabas?

-No lo hago. Pero ahora se me antojó hacerlo.

-Hay un motivo en particular.

-No lo sé. Quizá el verte lavar los trastes con tanta paz, en silencio como cada noche en casa, pero ahora con un cigarrillo en tu boca; no sé. De repente pensé de pronto que, si me ponía a fumar como tú, me traería algo de paz mental a mí también. Y quizá podría entenderte un poco mejor.

- ¿Entenderme un poco mejor? ¿Qué quieres entender de mí?

-No vayas a pensar mal. Es sólo que, no sé. te veo en silencio, sin decir palabra alguna, y me pregunto qué es lo que estarás pensando. Yo me volvería loco con tanto silencio, te lo juro. Cuando estaba Alejandra la casa todo el tiempo sonaba a Davis, Revueltas, Armstrong, Piaf. No había tiempo para secretos.

-Si quieres pongo de nuevo música.

-No, no es eso, no quiero que creas que extraño esas cosas, si te las cuento es porque eres importante para mí, y quiero hacerte entender de alguna manera lo mucho que le hace bien a mi vida el que tú estés en ella.

- ¿En verdad quieres saber qué es lo que pienso cuando estoy lavando los trastes?

-Si. -Dice él y da un pequeño sorbo a la copa de vino. Ella en cambio da una calada a su cigarro y termina lo poco que le quedaba a su copa, ahora bebía de la misma manera que lo hacía Alejandra.

-A veces me pongo a pensar si aún la amas a ella, si aún sientes cosas por ella. Me pregunto si no soy más que un estorbo, o un repuesto para ti esperando a que ella regrese.

-Ella no va a regresar Camila, eso en primer lugar. En segundo, claro que aún siento algo por ella, y siempre lo voy a sentir hasta que me muera, porque fue una persona más que especial en mi vida, y por la misma razón te platico sobre ella, sobre lo que viví con ella, sólo a una persona que en verdad amo le hablaría sobre Alejandra, y a ti te amo más que a nada, si es que algo puedo llegar a amar en este mundo, además del mar.

Ella sonríe y derrama lágrimas al mismo tiempo, lo mira y se muere por besarlo, pero no quiere estropear la comunicación en ese momento, ese momento justo como se está desarrollando. Ella tiene miedo.

- ¿Quieres saber que era lo que estaba pensando justo hace un rato que lavaba los trastes?

-Dime.

-Pensaba en el pavor que sentía en irme a dormir contigo a la cama.

- ¿Por qué?

-Porque no puedo dejar de pensar en las veces que habrás hecho el amor con ella en esa cama. Siento como si yo estuviera reemplazando su lugar.

Sin decir nada él se echa a reír, y al mismo tiempo que ríe empieza a llorar

- ¿Qué pasa? -Pregunta ella.

-Nada. Es que, te sorprenderá saber que ella y yo nunca hicimos el amor en esa cama. Justo por la misma razón que acabas de decir. Ella sabía la carga que sería para la siguiente mujer que me acompañara a este lugar el saber que yo había pasado tantas noches con ellas en este lugar.

- ¿Cómo? ¿Entonces ella sabía que…?

-Digamos que, de alguna forma que no te podría decir, ella era una mente muy adelantada y sabía que lo nuestro no sería de largo plazo, ella lo sabía y lo aceptaba; por eso fuimos muy felices el tiempo que estuvimos juntos. Así que, en vez de hacer el amor en la cama, lo hacíamos en este sillón.

- ¿Qué?

Él empieza a reírse y acto seguido ella también. Él se acerca y pasa su brazo por detrás de la espalda de ella y ella le corresponde el abrazo besándolo.

-Ahora le pregunto señorita: ¿quiere ir a la cama a hacer el amor conmigo?

-Sabes, ahora que me pongo a pensarlo, el sillón está muy cómodo para hacer el amor.

-Es que tú también piensas irte.

-Jamás.

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