Más allá de las letras: Narraciones desde el puerto de Magallanes, de Andrei Maldonado

por RUBÉN ONTIVEROS RENTERÍA

Tuve la oportunidad de leer la novela “Narraciones desde el puerto de Magallanes” de Andrei Maldonado Espinoza, editado por el ICED en la colección Narrativa 2025.

No me convencen los criterios para instalar la diferencia entre una novela corta de una larga, mucho menos por el requisito de número de páginas, pues extensión significa mayor detalle y complejidad en el diseño de los personajes, abultamientos de tramas y conflictos por explorar, resolver, compartir en más hojas y mayor dificultad. Creo entender que lo que me interesa como lector es que la historia esté bien contada, que me ubique en el lugar y la época de la historia que se está contando, aún si son ficticios, que los personajes estén bien dibujados, que los diálogos transmitan el sentido de la historia, que el nudo quede bien apretado y luego venga el desenlace, la sorpresa, el aliento recuperado, la convicción de finitud y aprendizaje. Pues leí una novela realista, íntima y dramática en todo el horizonte narrativo que se extiende en 72 páginas.

Al intentar resumir la trama diré que es la historia íntima de Paloma Alejandra Cominetti Donoso, narrada en primera persona, desde su infancia en Puerto de Magallanes, en Chile, cuya ubicación geográfica tiene tatuada en el brazo y en el alma, tallada a golpes de infortunio y escasos aciertos: 53 grados 22 minutos 0 segundos Sur, y 69 grados 60 minutos y 0 segundos oeste; su fuga a México, donde estudió cinematografía, y su retorno después de diez años al punto de partida, que cierra la narrativa.

Paloma, como personaje principal y anfitriona de su propia soledad y de sus rudos hallazgos, sus relaciones obligatorias del barrio con la Pipa, el Beto, el Rubén y la Valentina, con ellos y envuelta en el frío, el abandono, y la falta de opciones. marcan el descubrimiento de su afectividad y sexualidad que la llevan a la búsqueda de identidad y de futuro; anclada en su entorno y a la vida de sus personajes cotidianos, como Don Pedro el panadero, Doña Peta la partera, Don Juan el lechero, Misiá Anita la loca de los gatos, la Katherine y la Rose, son relaciones impuestas por el ambiente, la condición social y el diseño de la vida repetitiva en un lugar del planeta Tierra que nada cambia en generaciones.

La alternativa es soltar las amarras, abandonar el puerto y buscar otro lugar, aunque, como sentencia Cavafis en su poema “La ciudad”, a donde vayas tu ciudad te persigue. Incluyo en mis comentarios este poema de Cavafis porque creo identificar similitudes con la trama de la novela. Me parece que Paloma bien pudo leer este poema con doloroso apego: 

Dices: “Iré a otra tierra, hacia otro mar,

y una ciudad mejor con certeza hallaré.

Pues cada esfuerzo mío está aquí condenado,

y muere mi corazón

lo mismo que mis pensamientos en esta desolada languidez.

Donde vuelvo los ojos solo veo

las oscuras ruinas de mi vida

y los muchos años que aquí pasé o destruí”.

No hallarás otra tierra ni otro mar.

La ciudad irá en ti siempre. Volverás

a las mismas calles. Y en los mismos suburbios llegará tu vejez;

en la misma casa encanecerás.

Pues la ciudad es siempre la misma. Otra no busques -no la hay-

ni caminos ni barco para ti.

La vida que aquí perdiste

la has destruido en toda la Tierra.

Y eso es lo que le sucede a Paloma Alejandra Cominetti Donoso. A donde va se lleva la ciudad. El puerto y su frío le persiguen de una manera inevitable y dolorosa, a golpes de mala suerte, elecciones sin fortuna, relaciones sexuales fugaces y poco gratificantes, aprendizajes afectivos y desengaños, templan el carácter, el ambiente helado y la sal de mar cicatrizan las heridas y forman callosidades en el espíritu de Paloma Alejandra. Este realismo se aprecia en los seres humanos del planeta Tierra que alcanzan singularidad narrativa y existencia propia, haciéndola singular, gracias a otras decisiones: huir del puerto, desdeñar un proyecto y darse una vida diferente, aprender que muchas veces -y cualquier día- la vida te agarra de esparring, de costal de boxeo, y tienes que aguantar, pelear o caerte, morirte, aun cuando la vida en ocasiones te regala la sinceridad de un amor afectivo, sincero hasta donde toca el hueso, tener que abandonar para seguir buscando sin saber a ciencia cierta qué.

El final de la trama es el principio y el principio es continuidad y retorno. Regresar al puerto y desde ahí narrar la vida en trece capítulos, sin atropellamientos, con ideas claras, sin dificultad de leer porque tiene un ritmo que no desperdicia oportunidades para darnos flashazos que iluminan las relaciones de Paloma con su entorno y con ella misma. El autor comparte la historia de una mujer que admira y que le ha arrancado de la pluma el oficio, una novela como un guion fácil de visualizar, pues es posible ver el ambiente, sentir en la piel el frío y vivir la tragedia y la victoria de un ser humano que no busca dar lecciones de sobrevivencia a nadie, ni le pide al lector respiración artificial: así es la vida, como la de Paloma, que ha aprendido a no mentirse. No se engaña, es brutalmente realista y verdadera como que un día tiene 24 horas. Esos retratos son fácilmente visualizables, fotográficos, listos para la cámara de contar sueños y cuentos, diría alguna vez León Felipe.

El tema más profundo de la novela es la intimidad de Paloma, el amor, el descubrimiento de la soledad y la desesperación de no saber qué hacer con ella, las contradicciones de la naturaleza humana, la complejidad de un entorno degradado y degradante, un pueblo como un barco azotado por la tormenta y arrojado a la playa en pedazos.  Una narrativa de vigoroso realismo, una estructura itinerante entre México y Chile, se da en expresiones diseñadas por la sinceridad, por la comprensión del personaje, la sinceridad que desnuda hasta que duele, que se arranca a piel del vientre, como el aborto que pone en riesgo la vida y sella el futuro, saber que la vida no es para siempre, que no hay nuncas ni siempres, que a cambio de nada se vive, ahí donde es válido buscar el amor que se sabe no será correspondido, no entender esa necesidad de frotar con otros y otras la piel, el sexo, para ahuyentar de momento los demonios de la soledad en compañía.

Es agradable el ritmo de la historia, la complejidad de un personaje como Paloma, que en cada momento conoce el lector más, tanto como se pueda saber o conocer a otro, sin miserias limitaciones o chantajes. El final es redondo, el regreso a sí misma y a la recuperación innecesaria del entorno donde el frío es un personaje que acompaña la piel, la vida, la muerte de quien es oriundo del Puerto de Magallanes en el extremo sur de Chile, así inicia el final como un volver a empezar, cuando Paloma Alejandra Cominetti Donoso escribe: “y aquí me encuentro hoy, en este punto del universo, a 53 grados 22 minutos 0 segundos Sur, y 69 grados 60 minutos y 0 segundos oeste del planeta Tierra…”

Cierro mis comentarios tomando unas líneas de la presentación de contraportada de la obra: “Una novela imprescindible que refleja el anhelo por la luz en los días grises y el mar embravecido que acompaña a Paloma, cual retrato melancólico de un espejo chileno”.

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