Entrevista con un vampiro: una charla con la memoria de Iván Delgado
por Andrei Maldonado
ilustración Karto C. Romero
La presente entrevista es
resultado del Taller “El periodismo cultural y su quehacer” impartido por el
escritor y periodista Mario Saavedra, como parte de las actividades del
Coloquio de Periodismo Cultural 2.0 realizado en el mes de julio en la ciudad de
Chihuahua. El texto presente pretende ser un acercamiento a lo desarrollado en
el libro “Los muertos hablan”, donde diversos periodistas llevaron a cabo el
ejercicio de entrevistar a personajes ilustres que ya han fallecido.
En lo particular he elegido
realizar una breve charla con el músico chileno Iván Delgado Álvarez, fallecido
apenas en diciembre del año pasado, por quien durante años he sentido una
profunda admiración por su trabajo como letrista, intérprete y cantante de
bandas de rock chilenas como La Ley y Saiko. Decidí no ahondar en preguntas obvias
que se le hicieron en vida y preferí enfocarme en aquello que deseé preguntarle
y nunca tuve la oportunidad de hacerlo.
El texto que a continuación
comparto se ha basado en parte en las entrevistas a Iván delgado, Luciano Rojas
y Rodrigo Aboitiz hechas por Ernesto Daniel Carrasco en su canal de YouTube, a
la entrevista hecha por Señal Local (YouTube), al EPK del Informe Saiko (igual
en línea), en el artículo publicado en la sección de espectáculos de La Nación
titulado “El sueño pop” y en conversaciones personales que sostuve vía Facebook
con Iván durante sus últimos años de vida.
¿Por
qué el saxo, la flauta y los instrumentos de viento?
Yo,
como es evidente, padezco desde chico de tartamudez. Una forma de vencer esa tartamudez,
que a la vez deriva en timidez, fue a través de los instrumentos de viento.
Empecé con la flauta durante mis estudios en la licenciatura en Artes en la
Universidad de Chile. Pero al tocar con bandas de rock descubrí que el
flautista no sonaba ante el baterista o el guitarrista. Entonces decidí tocar
un instrumento de viento poderoso: el saxo.
¿Crees
que algunas bandas le temen al saxofonista?
(ríe)
Sé por dónde va la cosa. No sé si le teman, supongo que sí. El saxo es un
instrumento poderoso, y aquellos que quieren acaparar la atención en una banda
para sí mismos pueden ser presa del temor que produce un saxofonista. Quizá por
eso no me dejaban tocarlo tanto (ríe).
¿Lo
mismo pasaba con el teclado?
Seamos
claros. Seguro hablas de lo que pasó en Saiko. Ahí mi rol era principalmente de
letrista, después me encapriché a ser parte de la escena con mi sueño trunco de
ser frontman con algunos coros al lado de la Denisse. Faltaba un rol delante de
las cámaras, ahí fue donde tomé los teclados, que cosa aparte sé tocar bien.
Pero mi teclado en Saiko no sonaba nada, algo así como pasaba con la flauta en
mis primeros tiempos.
¿Tocar
instrumentos, cantar o escribir?
¡Pucha!
Son cosas re bien distintas. Quizá ser vocalista era algo que traía atorado
desde hace mucho, cosa que pude quitarme de encima con el proyecto de la
Borderline Band. Sobre todo, porque a través del canto era otra manera de
vencer la tartamudez. Obviamente que me gusta cantar a mis grandes
admiraciones, como Charly García, Fito Páez, Spinetta, Sui Generis, Serú Girán…
pero cantar lo propio, lo que llevas adentro, es otra cosa. Si lo unes a
ejecutar el saxo… por eso es bien difícil decirte qué prefiero de todo ello.
¿Fue
difícil llegar al punto de ser frontman de tu propio proyecto?
Me
tomó toda una vida (ríe). El primer intento fue por el 89 con Misión Afrika, un
proyecto que había comenzado con algunos amigos, mismo que pospuse para unirme
a La ley. Podemos decir que eso fue lo más cercano, pues grabamos algunos
demos. Finalmente, la cosa no pasó, pues buscaban algo mucho más pop, algo más
como el Beto Cuevas. De ahí no lo intenté más hasta Saiko, con el disco
Informe. Ahí pude probar nuevamente el gusto que me daba cantar. Después pasé
el tiempo dejándome llevar demasiado por lo que decía la gente, rodeándome de
las personas equivocadas, hasta que dije “no más”, y decidí sacar el
repertorio.
¿Pop,
rock o new wave?
Todo
en el rock es pop, es la estructura básica, como de la música en general lo es
Mozart. Pero puedes separar bien aquella música que se aleja del pop comercial,
la música para consumo y desecho. Siempre traté de irme por esa línea, aunque
nunca pude alejarme de trabajar en proyectos claramente pop (ríe) puedo
presumir que conozco a bien cuáles son las claves del éxito del pop: ritmo de
balada, estructura verso-coro pegadizo-verso, etcétera… quizá por eso no haya
tenido problemas para trabajar en bandas pop, aunque lo mío siempre haya sido
más el rock y el jazz.
¿Nadie,
Pequeño Vicio, Paraíso Perdido, La Ley o Saiko?
En
cada una hubo cosas bien distintas. La Banda del Pequeño Vicio fue mi primer
grupo fuera de lo underground, previamente participé en Mendigos y Magos. La
cosa fue mágica porque fue lo más alejado al pop que he estado, era una cosa
más cercana al art-rock, al teatro-rock, a lo Peter Gabriel. Nadie me llevó
hasta el Festival de Viña, vaya si le tendré afecto. Paraíso Perdido me abrió
más que nada las puertas al pop y a conocer a grandes músicos como Javiera
Parra, Andrés Bobe y Luciano Rojas. En La Ley fue breve, pero lo que más me
dejó fue potenciar mi habilidad como letrista, lo que años más tarde me
serviría para Saiko. Saiko pintaba para algo re lindo, pero bueno, ya sabemos
cómo cambio todo.
¿Qué
puedes decir de tu salida de La Ley?
Habíamos
grabado un demo, funcionaba. Cuando intentamos grabar el disco en México
resulta que mi voz ya no funcionaba. Creo que el productor fue quien les dijo
que necesitaban algo menos “alternativo”, por lo que yo no encajaba. O
realmente cantaba mal, no sé. Hubo cuestiones de desafinación, pero fue al
trabajar de improviso. Se pudieron hacer cosas en estudio, pero no quisieron.
Encontraron a Beto y ahí resolvieron todos sus faltantes.
¿Qué
opinas sobre lo que dicen Luciano y Coty, que nunca fuiste parte del proyecto
de Saiko como tal y por ello durante el regreso del “Saiko Histórico” no
estuviste contemplado?
Es
claro que ellos desde el principio tuvieron una idea de un proyecto pop. Pero
la línea que tomaron las composiciones de Coty y Luciano invitaban a algo más
como el synth-pop, que fue lo que aportaron mis canciones. Por eso yo no podía
marginarme esta vez como lo hice con el primer disco de La Ley. Era claro que
reclamaba cierto protagonismo, y ellos entendieron que mi aporte era necesario,
de otra manera no me hubieran buscado y mucho menos aceptado mis términos. Si a
la distancia eso se les olvidó, eso es asunto suyo. Armaron su “Saiko histórico”
y van a celebrar pronto con las canciones que yo hice, sin mí. Bien por ellos.
¿Cuál
fue tu impresión cuando dieron a conocer su comunicado oficial por tu
detención?
Asco.
Me dio mucho asco ver la capacidad que tenían de subirse al tren del
desprestigio y el ataque. Lograron eclipsar en parte el lanzamiento de mi disco
por sus webadas. Al final se comprobó que quien lanzó esas acusaciones era una
persona falsa que buscaba dañarme, pero cuando eso se aclaró no fueron para
desdecirse de su comunicado. Ya después mandan condolencias, ya para qué.
Aquellos días fueron oscuros, no solo por la mala pasada de la detención, sino
por verme traicionado por supuestos amigos y supuestos amores.
¿Por
qué nunca reclamaste los derechos de tus canciones?
Mis
canciones están protegidas por la Sociedad de Autores de Chile. Esas letras
serán siempre mías. El artista debe comprender también el alcance de su obra.
Esas letras serán siempre un recordatorio de mi existencia, de mi paso por el
mundo, pese a quien le pese. Con eso yo ya gané.
¿Cuál
de todas tus canciones considerarías tu “hijo pródigo”?
Hay
muchas a las que le tengo un cariño particular. Ya sea por el momento en que
las escribí o por la historia que logré plasmar en ellas, aunque varias ronden
cerca de lo mismo. Ejemplo ahí está “Sintiendo cosas”, que es muy similar a
“Desiertos” porque las escribí en momentos de introspección, rayando en la
depresión, en largas caminatas por las calles de Santiago, junto al Mapocho.
También está “Lula”, que es una historia sobre esos personajes trágicos del
mundo pop como Marilyn Monroe. Está “Informe”, que es mi tesis de grado que,
contrario a lo que piensa la gente, no habla de algo tan oscuro, sino de la
muerte del arte según la postura de los filósofos alemanes. Está “Express”,
“Cuando miro en tus ojos”, “Amante Ideal”. Canciones que se hablan entre sí,
que bien podrían ser continuación una de la otra. Difícil decidirse por una.

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