TECNÉPOLIS


por Andrei Maldonado
Basado en el texto "Telépolis" de Javier Hecheverría

Muchas definiciones se limitan a decir que internet es la suma de todos los medios, el medio que da lugar a los medios; sin embargo, no parece ser una suma sino el medio, el único que llega a consagrar en su totalidad los ideales de una “cultura para todos”, de una masificación tecnológica y un medio no solo para entretenerse o informarse, sino para vivir. Si bien el impedimento aún es el factor tecnología y economía, los gobiernos actuales ya trabajan para superar dicho sesgo. Es interés no solo de las anciones poderosas sino de la misma ONU que internet sea un derecho humano universal y que, así como en la mayoría de los hogares existe una televisión o un radio, así en cada familia se posea al menos una computadora, o que las escuelas o espacio públicos las proporcionen fácilmente.

Pero ¿Por qué a pesar de ser un discurso sumamente tratado durante más de una década nos sigue asombrando? Quizá sea por que internet ha sido capaz de modificar el habitus, y, aún más, el Habitum. Facebook, Twitter, YouTube y muchas más de las llamadas redes sociales buscan ya no solo tener más usuarios, sino garantizarles que pueden vivir una experiencia real. Platicar y trasmitir en vivo, contactar con personas de todo el mundo en cuestión de segundos.

En la sociedad del hartazgo colectivo, la comunidad encuentra sentido a sí misma en una realidad alterna, virtual, donde puede agregar y eliminar elementos de su vida con tan solo dar un click en su ordenador. Ese es otro elemento que, en base a lo que en su momento expertos como Chomsky, Lipovetsky, García Orozco o Martin Barbero han comentado. Estas redes simplifican y deforman los discursos sociales. Le dan al usuario la idea que eliminar a una persona es tan fácil como sacarlo de su lista de amistades, que se puede dar “vida” a una persona que solo existirá en una red y así de fácil desaparecerla.

El tiempo para conocer a una persona se reduce, la privacidad desaparece, los derechos de autor se vuelven inexistentes, el lenguaje se trastorna y la información se genera a tal velocidad que no hay tiempo de razonarla, de verificarla. Solo se dispone del tiempo exacto para “retwittearla” y compartirla. Pero, además, la necesidad de estar “siempre conectado” ha impactado no solo al hábitus que mencionaba Bourdieu, sino en el hábitum; es decir, no solo en las conductas, sino en el espacio. No solo se construye a si mismo como un “lugar”, sino que el espacio físico lo transforma a su necesidad y a las necesidades que genera en los individuos.

Ahora es inconcebible un restaurant, hotel, centro comercial o plaza pública que no cuente con wi-fi, que no ofrezca una banda ancha con suficiente velocidad; una zona habitacional que no posea un café internet; un hogar sin espacio para la computadora.
Y ojo, no es menester de este discurso tomar una postura conservadora o apocalíptica sobre los mass media y su efecto masificador-mediatizante.

Estamos consientes, en pleno siglo XXI, sobre las infinitas capacidades de distribución del conocimiento y la información que posee la web. Personas que sería imposible conocer físicamente por la distancia o los recursos se conocen; se crean oportunidades de trabajo y educación; los artistas encuentran un espacio para distribuir su obra; datos e información viajan a una velocidad infinita e incluso desastres naturales o sociales se han evitado gracias a un tuit.

Lo que sí se destaca es el tremendo impacto, sobretodo en las nacientes generaciones, de la construcción de su realidad. Hoy vemos niños que ven la tv en un celular, que dependen por completo de la computadora para hacer sus tareas, personas que dependen de su perfil de Facebook para poder hacer sus negocios; grupos de personas que dan prioridad a su red social para informar a cada evento al que van.

¿Cuánta realidad se nos escapa por buscar un lugar en el espacio virtual? ¿Qué tanto dejamos de percibir por tratar de ser los primeros en publicarlo? Y ¿Realmente somos los primeros en algo en una sociedad que día a día se esfuerza porque todos posean lo mismo, incluso en conocimientos?

Quizá ahora más que nunca vivamos los tiempos después de Ford que mencionaba Huxley en Un mundo Feliz. Somos reproducciones en serie, con distinta imagen de perfil.

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