Construyendo una agenda de comunicación para el siglo XXI


Por Andrei Maldonado

Nos encontramos en una era en dónde tenemos acceso a cualquier conocimiento en tiempo real gracias a las innovaciones tecnológicas. Existe además una conexión como nunca entre los individuos y las culturas. Las sociedades del conocimiento vendrán a ser aquellas que, siendo una sociedad informada y con acceso ilimitado, acceden a poseer todo el conocimiento y desarrollar uno nuevo.

Gran parte del pensamiento moderno del siglo XX se construyó desde la base por las teorías de la escuela de Frankfurt, las cuales ya llamaban a la conformación de un solo pensamiento y a vencer las barreras de la división de clases en Europa. Por su parte, la agenda Setting constituye una teoría que hasta el día de hoy mantiene vigencia. Sí, la unificación de la información, pero formada por los medios, de manera premeditada, para segmentar y decidir que se dice a las masas.

Nos encontramos hoy ante una realidad similar. La oportunidad de compartir cualquier cosa en tiempo real a nivel masa a través del Facebook y cualquier red social y el híper vinculo crea la posibilidad de una unificación de la información pero no mediada ya por los mass media, sino por los individuos.

Decidir qué se informa, cómo se informa y para qué quizás sea el paradigma actual de la comunicación. Quizás incluyendo el ¿qué hace la masa con esta información? La mayor paradigma sería generar conocimiento más que información.

Cómo acto en sí es innegable que existe una comunicación generada a partir de la enorme cantidad de información que circula gracias a las nuevas tecnologías. El problema es que esa comunicación o está condicionada por los medios de comunicación o es meramente lúdica y de entretenimiento, incluso la que se gesta en las redes sociales y se supone está libre de los elementos de control mediático.

Debemos potenciar adecuadamente las herramientas que poseemos hoy en día para crear, a partir de ellas, nuevo conocimiento. Y es desde las universidades dónde, aprovechando juventud y conocimiento, se puede gestar una revolución del pensamiento. Si no, internet y redes sociales seguirán siendo bonitos sinónimos de entretenimiento.

Hoy en día tenemos acceso a información de todo y sabemos nada. En ese sentido, tras recibir información segmentada, dividida, al final de cuentas no sabemos nada realmente de tema alguno en específico. Probaditas de todo que nos deja indigestos.

Quizás Marshall McLuhan se halla aventurado a advertir que el mundo avanzaría tanto que todos poseeríamos cualquier información de cualquier parte del mundo haciendo la accesible y cotidiana; más aún, convirtiéndonos en una “aldea”, un pequeño pueblito mundial. Todos son de todos. Y digo que se aventuró no porque en parte no halla sucedido eso, sino por el contexto y la realidad que se desarrolla hoy en día.

El discurso actual, más acercado a Castells que a McLuhan, es de una globalización informática, de una transculturalización, pero segmentada. Como diría Giovanni Sartori, cualquier cosa es información, incluso la muerte de una gallina, pero esta no cobra relevancia, al menos no para quién informa. Del mismo modo, sabemos, sin viajar, que acontece en Europa. Pero ¿realmente es eso lo que acontece, o lo que es más relevante?

¿Habrá una comunicación para el siglo XX? La hay y la habrá, pero esta será en medida y a imagen de lo que la misma masa desee como comunicación. Hasta el momento es solo un ensayo lúdico. Para que esta comunicación además devenga en conocimiento habría que replantearnos una pregunta básica ¿qué comunicamos?

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