CULTURA INSTITUCIONAL VS CULTURA INDIE



Por Andrei Maldonado
Basado en el texto “Cultura, creación e industrias culturales”

Creating cultural spaces and provide artists and disseminate their works is an almost required today, yet what is actually performing these tasks? Or will we have put forward the trade and consumerism of cultural products? What whose hands is the change? ¿Of government, institutions or individuals?

No cabe duda que nos encontramos inmersos más que en ninguna otra época en la era de las industrias culturales y los bellos discursos gubernamentales sobre la importancia de difundir y de dar apoyo a las actividades del rubro artístico.
Si bien es cierto que no todos coinciden en que se destinen recursos a dichas eventualidades, hoy en día cada ciudad, cada municipio y estado, así como las instituciones educativas (sobre todo aquellas de carácter público) tienen su área destinada al arte y la cultura.

Estamos de acuerdo en que las actividades de este índole, más allá de ser simplemente lúdicas cubren una necesidad y un deseo de aquel sector de la población que gusta desarrollarse en el ámbito de la creación artística y del sector que disfruta presenciando esos eventos o, mejor dicho, consumiéndolos.

Sin embargo es de llamar la atención como del diálogo inicial de crear espacios, destinarles áreas, recursos y difusión, se transmuta hacia un diálogo que proviene del interés mismo de instancias de gobierno e intereses de particulares.
Es decir que el aspecto que nos atañe en este comentario es esa delgada línea que, arbitrariamente, parecen definir los encargados de cada evento/espacio cultural para elegir aquellas actividades que tendrán lugar y merecen llamarse “arte”.

Y es que pareciera que, con la mano en la cintura y con un rápido batir de manos, se desechan artistas que han elegido ser “alternativos”, o “indies”. Independientes de recursos económicos, de ideas, de desarrollo de la obra y, ante las pruebas, de espacios, apoyo y difusión por aquellas instituciones que, en teoría, no solo deberían proteger y garantizar que perduren dichas eventualidades, sino que también deben de llevar de la mano del artista a la consolidación de obras por un bien mayor.

Como se muestra en la película canadiense “Jesús de Montreal” (Denys Arcand, 1989) los artistas independientes no solo deben enfrentarse a las carencias o falta de espacio, al golpe que resulte su obra ante la sociedad, sino que en muchos casos deben sortear la férrea resistencia de la censura, censura aplicada por las mismas estancias de apoyo, las cuales están dispuestas a ayudar siempre y cuándo se mantengan bajo las normas de lo “permitido”.

En el film, un grupo de actores, cansados de ser presas del rígido sistema y de las convenciones, deciden montar una versión totalmente revolucionaria del viacrucis de Jesús, lo que les acarrea la persecución de las autoridades, pero también la visión estrecha de los que ostentan el poder y, de paso, lo tentador que puede ser vender su alma al comercio.

Y es que otro fuerte problema de vivir inmersos en una sociedad consumista hasta el tuétano (ejemplo claro, la misma existencia de las industrias culturales) es que los festivales, muchas veces lejos de difundir a los artistas de la localidad o permitirle a la comunidad conocer mundos nuevos, solo son un distractor, un aliciente económico y un escaparate que la mayor parte del tiempo cae en un propagandismo vulgar.

¿En quién estará la respuesta, en los gobernantes muchas veces carentes de interés y peor aún de conocimientos? ¿O en el pueblo que no busca informarse, mantenerse leído y abierto a nuevas visiones? Hay quién dice que un pueblo tiene el gobierno que merece. Creo que aquí también aplica ese dicho: cada pueblo consume lo que desea consumir, y ya saben la otra aseveración: al cliente lo que pida.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Vibración

Más allá de las letras: Narraciones desde el puerto de Magallanes, de Andrei Maldonado

Sobre "Mientras agonizo", de William Faulkner