ENAGENACIÓN DE LAS AUDIENCIAS: DIME QUE VES Y TE DIRÉ QUIÉN ERES
Por Andrei Maldonado
Basado en la lectura “Audiencias, televisión y educación: Una deconstrucción pedagógica de la televidencia y sus mediaciones”, de Guillermo Orozco Gómez
The mass media, in particular television, presented contents of all kinds in its programmatic bar. All of them, in one way or another, resonate whit audiences so that they leave information or questions on the spectator. In this vein, we must ask ourselves what kind of information comes to us? What we do with it? How do we condition our thinking?
El análisis de la influencia mediática de la televisión no solo como medio masivo de información sino también como modelador de las conductas sociales en la era moderna toma un rumbo que si bien no es nuevo sí es analizado desde nuevas perspectivas, una vez que los tiempos modernos provocan una mayor cercanía de las audiencias a la influencia televisiva.
Ya se ha mencionado por diversos autores que la televisión muchas veces desempeña la labor de educar, aunque no se lo proponga. Y es que si bien, por un lado, se ha dotado a la barra programática de Tv con contenidos de carácter “didáctico” o “educativo”, en sí todo contenido en la pantalla puede ser transformado en un nuevo conocimiento, en el entendido de que no todo aprendizaje implica forzosamente algo positivo.
Los programas, incluso los anuncios, sin que sea este su objetivo, ponen a disposición de los televidentes la posibilidad de conocer nuevas cosas, palabras, lugares y actitudes, mismas que incluso podrían ser tabú al interior del seno familiar.
Este análisis nos lleva a la reflexión acerca del doble discurso que sucede en Latinoamérica. Por un lado, los contenidos de carga sexual, erótica o de violencia están a disposición de cualquier auditorio a cualquier hora del día, disfrazados ya sea de programa de revista, serie, película, noticiero o anuncio comercial. Este amplio espectro informativo-formativo hace que, por ejemplo, los niños lleguen con sus padres a hacer cuestiones que quizá no encuentren como dar respuesta; aún cuando no se trate de una familia conservadora, el hecho de que el hijo llegue con información no dada por el padre causa un escenario fuera del contexto típico familiar.
Por otro lado, la misma tendencia sociocultural latina de la preservación de los valores familiares, la moral, el respeto a las instituciones religiosas, la protección de lo propio y el rechazo a lo extranjero provocan en gran parte de los países hispanos –por no decir la mayoría- que los monopolios televisivos, por petición gubernamental, censuren ciertos contenidos. Contenidos, más no publicidad. Qué detalle.
Pero no solo se trata de la llegada de información, pues esta no siempre implica que el receptor obtenga más conocimiento. Muchos de los mensajes producidos en televisión deforman más de lo que forman. Causan dudas, inquietud, pero también el deseo consumista.
Además de lo analizado, hay que tomar en cuenta también que la aparente decisión que tiene el público (acerca de que entre el amplio mosaico de programación el individuo es libre de elegir que ver) es una mera ilusión, ya que la agenda de contenidos ya ha sido analizada, como menciona Orozco Gómez en su trabajo, y generada por las televisoras, la industria privada que se anuncia a través de ellas y las instancias de gobierno, las cuales condicionan la emisión de mensajes de acuerdo al tipo de público, niveles socioeconómicos y horarios.
Es por eso que en ciertos horarios, no importa que canal sintonicemos, encontramos programas similares. Barras infantiles, barras políticas, noticieros y telenovelas van acompañados por los anuncios indicados: juguetes, bebidas embriagantes, productos para la familia, productos de la limpieza del hogar, etc.
Las pantallas, además, condicionan las acciones, los lenguajes; crean patrones a seguir, modelos a imitar. Por eso las amas de casa siguen en la idea de la mujer como mártir a la espera de casarse con el rico de la historia, por eso el niño imita al personaje de la caricatura de moda, por eso las actitudes machistas en pleno siglo XXI.
El comediante Roberto Gómez Bolaños, conocido mundialmente como “Chespirito”, mencionó alguna vez que la televisión no es una caja idiota, como se le ha llegado llamar, sino que lo que contiene en ella es, en ocasiones, lo que la vuelve idiota.
La decisión de las audiencias inteligentes quizá no sea saber que canal ver, sino poder apagar el televisor a tiempo.

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ResponderEliminarve este articulo sobre el "vitor"
ResponderEliminarhttp://www.milenio.com/cdb/doc/impreso/9144932
lee este articulo sobre el "Vitor"
ResponderEliminarhttp://www.milenio.com/cdb/doc/impreso/9144932