LA MÚSICA COMO EXPERIENCIA ESTÉTICA



Por Andrei Maldonado
La música es, según la definición tradicional, el arte de organizar sensible y lógicamente una combinación coherente de sonidos y silencios utilizando los principios fundamentales de la melodía, la armonía y el ritmo, mediante la intervención de complejos procesos psico-anímicos.

Uno de los puntos más importantes en los múltiples tratados y ensayos musicales que realizó Teodoro Adorno durante su vida es el grado estético de la música. Para él, la única y verdadera forma de abrazar a la música en su más alto grado de sacralidad solo se encuentra en la percepción en vivo; es decir, que solo presenciando un concierto podemos darnos cuenta de los elementos que constituyen a las creaciones musicales, en lo que se refiere a ritmo, tono, estética, contenido, etc.

Si bien el disfrutar de un concierto en vivo otorga una experiencia distinta por los elementos que se encuentran precisa y solamente en él (la gente, las improvisaciones, las luces, el sentirse parte de), la apreciación y la experimentación de la música me parece ser una capacidad propia de cada individuo.

Por ejemplo, puedo estar escuchando mi canción favorita mientras pinto un lienzo y así plasmar de alguna manera lo que la canción me quiere decir; puedo escuchar canciones que después me inspiren a crear poesía o cualquier tipo de literatura en la comodidad de mi cuarto; e incluso pueden hacer que cualquier momento por simple que sea este (un trabajo doméstico, un viaje) deje ser eso y se convierta en una experiencia de todos los sentidos (incluso mientras escribo esto estoy escuchando música).

Creo que el elemento más importante para identificar si en verdad estamos haciendo una apreciación estética de la música o si estamos llevando dicha canción a un grado de experiencia sacra de los sentidos es cuando somos capaces de identificar cada instrumento por su belleza propia. Escuchar el bajo en un canal distinto a la guitarra, al teclado, al piano, al violín, a la batería, etc., y disfrutarlo por su sonido propio de bajo.

En lo que sí debemos hacer hincapié es en el contenido de la música. Me parece que este punto es el más delicado a tratar, el que de verdad pone en riesgo a la música, pues es el arte más pura de la comunicación humano-artística, que se ve dañada e inmiscuida en el llamado “arte por el arte”.

Ya son muchos los llamados “artistas de papel”, quienes no tocan sus instrumentos, no escriben sus canciones y para colmo ni siquiera cantan, solo hacen playback. Ante esto, las generaciones futuras de cantantes y músicos deben de hacer prevalecer la palabra “artista”, la cual está muy devaluada, pues lo menos que se hace con eso es arte.

Siempre he sido creyente de que a través de la música se puede filosofar. Se puede convertir poemas en canciones, plasmar en una letra una filosofía, denunciar los hechos que nos parecen erróneos, etc. es cuestión de revisar contenidos de calidad, para evitar caer en lo que muchos cantantes llaman “tributos” o “covers”, que lejos de ser eso, tributos, caen en lo absurdo.

El estudio de la música y su influencia en las masas en punto muy importante a tener en cuenta. Un ejemplo es The Beatles, quienes se han convertido en estandarte de muchas personas, atravesando generaciones. Algunos de sus temas como Lucy in The sky whit daimonds o Yellow submarine son himnos para cientos de personas que incluso han formado religiones entorno a ellos.

He aquí un punto importante. Si las canciones –como los medios de comunicación- tienen tanta influencia ¿Por qué no usarlas en positivo? Hay que cuidar lo que se escucha. Basta con hacer un simple experimento. Observe a un niño de unos 8 o 10 años que use algún tipo de reproductor de música. Sabrá que lo tiene lleno de narcocorridos o de reguetton. El niño querrá ser narco para que la vida sea fácil y le hagan una canción y hablará precozmente. Hágalo, yo ya lo hice.

Aprovechémoslas, y empecemos a crear nosotros también arte musical.



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