Somos lo que decimos, decimos lo que vemos


Por: Andrei Maldonado
Basado en la lectura “Audiencias y Pantallas en América” de Guillermo Orozco Gómez

Faced with new options (screens) that have audiences become passive receivers of content to broadcasters, the challenge in Latin America and the world, according to some authors, is then not only in access to media and information, but in it is communicating.

Las sociedades actuales, a diferencia de antaño, parecen, si bien no solo regirse a través de los medios masivos de comunicación, sí construir nuevas bases por las cuales dirigirse en un futuro a la vez claro a la vez incierto.

Las pantallas, como las menciona Guillermo Orozco Gómez en su texto “Pantallas y audiencias”, son forjadoras no solo de su entorno mediático, sino que también ejercen poder sobre los contextos semánticos inmediaticos de la cultura.

Crean, a partir de sí mismas, nuevos códigos de lenguaje, de lineamiento, de comunicación. Sin embargo, agrega el mismo Orozco, a menudo crean la ilusión de un canal recíproco en el cual las audiencias (receptores de mensajes) se pueden transformar en emisores cual modelo de comunicación ideal.

Actualmente, con la incursión de las redes sociales en los mass media, está ilusión se incrementa, pues si bien podemos estar “comunicados” con un gran número de personas a una distancia física considerables o incluso contactar con aquellos actores de la opinión pública a pesar de otros tipos de barreras (no solo de distancia) no toda esta emisión de mensajes es emisión de contenidos.

A pesar del miedo que todavía genera para un sector de las masas, sobretodo el latinoamericano, estas pantallas, según comenta Guillermo Orozco, también se presentan como vehículos para abolir la esclavitud impuesta no solo por un gobierno o por las personas que encabezan el poder, sino desde la forma más básica y aceptada de imposición y subyugación: la enseñanza de un lenguaje y unas costumbres únicas y excluyentes.

El autor menciona a su vez los diversos trabajos realizados por otros sociólogos como García Canclini, Martín Barbero y Lull sobre cómo los códigos se transforman desde las audiencias más que desde los emisores, ayudando a desarrollar nuevos pensamientos y culturas, a la vez que proveen de un grado de libertad, una oportunidad única en la historia de llevar a la voz pública sus necesidades, sus preocupaciones e ir, paulatinamente, restando poder a los gobiernos totalitarios, aún cuando estos se empeñen en censurar y privar a las masas de estos medios, quizá más hoy le sea imposible hacerlo, pues los ojos del mundo están clavados fijamente en el mundo.

Hoy vivimos en carne propia como las pantallas se transforman y se integran al acontecer diario de los individuos, movidas principalmente por las nuevas tecnologías, que permiten tener en la mano la información del mundo, no solo textual sino también audiovisual. Cualquier acontecimiento del mundo (actos, opiniones, desarrollos) está, por lejos o imposible que parezca, al alcance. Lo intangible se vuelve tangible, y real.

Pero también, creer fielmente en esto sería un error. Las nuevas tecnologías y los nuevos vehículos de información sería más que un error, una fatalidad, pues también esta capacidad de opinar e informarse está severamente condicionada al recurso tecnológico y económico de los mismos individuos. Actualmente, aún en el imperio informático del nuevo milenio, muchas sociedades enteras se encuentran sin voz.

En ese contexto también es importante reflexionar: ya se tiene infinidad de medios para comunicar y ¿sabemos que es lo que estamos comunicando? Más de cien años, como dice Orozco, de convivir con las pantallas, desde la cinematográfica hasta las actuales, y aún esta pregunta carece de respuesta alguna, al menos alguna concreta y unificante.

El riesgo radica entonces que ante el imperioso deseo de llevar a más personas la capacidad de volverse en emisores, los contenidos se vuelvan más banales. Hay que ponernos a pensar ¿qué es lo que ocupa mayor espacio en las pantallas? ¿quiénes son los líderes de opinión en nuestro país? ¿cuáles son los programas más vistos? ¿qué contenidos se están volviendo formativos o “desformativos”? ¿Qué ocupa más espacio en los nuevos medíos como youtube y Twitter?
Ante esta gama de pantallas habrá entonces que anteponer el qué al cómo, aunque lo segundo se nos presente como una enorme tentación.

twitter: @andreimaldonado

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