Una soledad con alas
texto y fotografía ANDREI MALDONADO De pronto, la habitación se fue llenando de polillas. Las había de todo tipo, de todos los tamaños. Las pequeñas se habían anclado al interior del ropero, devorando su guardarropa. Las más grandes se paseaban entre los libros, alimentándose por igual de Cortázar que de Joyce. Recordaba cuando empezaron a proliferar. Primero no les dio importancia, achacaba su presencia a unas bolsas de harina sin usar en la despensa o al pan viejo, el cual carecía de trascendencia. Poco a poco fueron ganando terreno, empujándola hacia su habitación. Comenzaron apoderándose por completo de la cocina. Le siguió la sala, de donde parecían emerger del acojinado del sillón. Revoloteaban de aquí para allá, desde el vestíbulo hacia las habitaciones de la planta alta, subiendo por la escalera de caracol, cubriendo las paredes. Inútil intentar exterminarlas. Entre más las mataba, más aparecían. Terminó por encerrarse en su alcoba, pero llegaron ahí también. Se filt...