LA CIUDAD DEL INSOMNIO
texto e imagen ANDREI MALDONADO No nací siamés a nadie, eso es una fortuna. Aquí estoy una vez más, sola, con estás manos que siempre están tan húmedas y frías. Nunca me he considerado una mujer frívola, y sin embargo he tenido muchos amores. No todos buenos, pero sí muchos. En este puerto, donde todo huele a pescados podridos y borrachos en el malecón, he sabido forjarme como mujer. Aun siendo tan bajita y aparentemente poco agraciada, pues no tengo una figura delineada o un pecho prominente, ha habido tantos hombres que han sabido apreciar, incluso matarse, por mi blanca piel, por mis ojos afilados, por mi nariz aguileña, por esta boca tan sedosa color carmesí y por la fina delgadez de mi cuerpo. Y no, no es afán de presumir, solo describo la realidad. La realidad de las mujeres que como yo, saben amar mucho mejor que las regordetas señoras del pueblo, las que toman té a las cinco y mandan a dormir a sus esposos sin un buen polvo. Nosotras, las del puerto, las que tenemos un nombre...